En ocasiones en la vida necesitamos hacer un alto y respirar.

No es malo aceptar que necesitamos de un respiro, que necesitamos ayuda, o que necesitamos cambiar, no es malo  poner pausas para poder seguir luchando en la vida, aunque este signifique que nos vamos a atrazar un poco más en cumplir nuestros sueños.

Hace algún tiempo, dedicaba más tiempo a mi trabajo, a mis obligaciones y obsesionada por cumplir todos mis sueños en tiempo record, olvidé que lo más importante es tener nuestra vida con Salud, vivir los momentos con la familia, abrir espacio al amor y permitir una vida más cercana a DIOS, hacer ejercicio,  cuidar de mi y mi alimentación.

Olvidé, que a mi no me define un puesto de trabajo, un título universitario, una casa nueva, un vehículo último modelo o los viajes que hecho por el mundo.

A mi me define, mi corazón, mi deseo de superación, mi capacidad a no renunciar, la forma en que trate a los demás, mi personalidad y quién soy en escencia.

Había materializado la felicidad en lo que poseía por encima de quien soy, pensaba que las cosas materiales que poseeo eran lo más importante, pero me di cuenta que aunque estos son tan solo resultados de mis sacrificios, había sacrificado muchas cosas importantes por poseerlas.

Sacriqué horas y horas sumergida en un trabajo, sacriqué comidas con mis mejores amigas, cumpleaños de familiares, tiempo de conversaciones con mis padres y familia, noches de baile, noches de sueño, salud mental y física, y lo que más sacrifiqué fue el tiempo, mucho tiempo de vida.

Hoy he descubierto que amo mucho mi trabajo, pero ahora lo hago para vivir, no vivo para trabajar. Hoy mis metas y sueños han cambiado, hoy mis prioridades son otras, y aunque hay sueños y metas que aún tengo, mi afán por alcanzarlos es diferente.

Hoy voy a mi ritmo, ya no tengo prisa, ahora vivo más el hoy, pero ya no permito más que los sueños que aún no he logrado cumplir se apoderen de mi frustrandome o haciendome creer que estoy atrazada, que me deja el tren o que ya estoy tarde.

Hoy estoy viviendo mi proceso, hoy no dejo que los comentarios de otros tengan poder sobre mi, recibo consejos pero no permito que estos entorpezcan o se entrometan en mis prioridades, hoy vivo intensamente cada bendición que recibo de Dios y la vida.

Voy más despacio, pero mientras no  detenga  mi caminar, sigo avanzando.

He aprendido a equilibrar mi vida, y soy muy feliz por eso.

Bendiciones,

Hannia Castro

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